Sacando lo que no habíamos tenido el valor de mirar, encontré infinidad de fotos que me recordaron esos momentos en los que la vida parecía no acabar nunca, donde todo era posible y donde la inmensidad del universo parecía más que alcanzable, porque siempre supe que contigo todo era posible; en alguna caja llena de polvo y de cosas sin aparente importancia encontré un muy viejo álbum de fotos, que pertenecía a uno de esos personajes salidos de una historia de tu familia, que aunque nunca conocí, siempre supe reconocer. El álbum, testigo de muchos años y acontecimientos, tocado por diferentes manos y guardado alguna vez entre tus muchos tesoros no parecía tener espacio en las repisas de nuestras casas, pero la idea de botarlo o regalarlo simplemente me hacían pasar un mal rato y francamente me sentía profundamente grosera contigo, si lo habías guardado tantos años alguna razón habrías de tener, así que siguiendo esa corazonada se lo mostré a esa persona quien quizá sabe más de nuestras vida que muchas otras más cercanas, y quien desde el primer momento quedó encantado con lo que tenía en las manos, y me hizo notar el valor que podría tener sólo por haber sido guardado tantos años por ti.
Meses han pasado, y honestamente no se que ha pasado últimamente con el álbum, solo se que está en buenas manos, que quien lo ve lo aprecia y que todos los involucrados con él sienten alegría al examinarlo y él se siente valorado nuevamente.
Me pregunto ¿porqué lo guardaste? ¿qué esperabas de él? ¿qué tenías planeado hacer? ¿qué valor tenía dentro de ti? ¿qué haré con él?
Cuando alguna de estas preguntas tenga respuesta, te contaré que decido, por ahora sólo puedo reforzar mi teoría de que los recuerdos, las historias, las memorias y los afectos nos aportan más de lo que pensamos en la construcción, no solo de quienes somos, sino de quienes seremos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario